Salinas el PAN y las mentiras

Ricardo Alemán. Itinerario Político. 21 de enero de 2009


Parece que no existe duda de que alguien miente —si no es que todos— sobre negociaciones y acuerdos pactados luego de los comicios de 1988.

Como todos saben, a partir de la publicación del libro: 88, el año que calló el sistema —de Martha Anaya—, se desató un debate que hizo dudar de las capacidades memoriosas de Carlos Salinas, Luis H. Álvarez y “los Manueles” —Bartlett y Camacho—, entre otros.

Y es que a 20 años de esa elección, resulta que nadie recuerda con precisión —como lo revela la periodista—, el pacto que legitimó al salinismo por parte del PAN “alvarista”, y menos si el cuestionado gobierno adoptó el programa azul, que proponía Manuel J. Clouthier.

En rigor no hace falta que Salinas, Álvarez, Bartlett o Camacho recuerden el pacto, ya que a la distancia y frente a la realidad política de hoy —“aiga sido como aiga sido”—, quedó claro el viraje del PRI a la derecha, y la alianza con los azules para alargar una agonía que con el tiempo llevó al tricolor a entregar el poder al PAN.

Pero vale el ejercicio memorioso para tratar de entender a los actores políticos de la transición mexicana, y exhibir que en la lucha por el poder —entre PRI, PAN y PRD— no existen ángeles ni demonios ni demócratas puros, y menos tiranos buenos, sino ambiciones desmedidas de poder, al más puro estilo del florentino Nicolás Maquiavelo. ¿Qué negociaron Salinas y Luis H. Álvarez —jefe panista de entonces— en 1988?

Sí, Salinas, don Luis y los Manueles pueden decir lo que quieran pero los hechos hablan más que la memoria. Y es que la noche del 16 de noviembre de 1988, ante el Zócalo pletórico, y una vez que Manuel J. Clouthier anunció el fin de su post-campaña electoral —vale recordar que realizó campaña antes de la elección, y meses después, porque denuncio fraude—, Luis H. Álvarez anunció a la multitud el “Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia”. ¿Qué era eso?

¿Un pacto entre los jefes del PAN y Salinas, para “legitimar” al nuevo gobierno en el ejercicio del poder? ¿Y eso con qué se come? Si algún curioso quiere saber de qué se trata, puede acudir a una hemeroteca y encontrará un texto en donde el PAN se compromete a reconocer al gobierno de Salinas, a cambio de una reforma electoral urgente; que Salinas reconocerá los triunfos electorales azules en Guanajuato, Jalisco y San Luis Potosí, entre otros y, en efecto, que Salinas convirtiera en acciones partes sustanciales del programa de gobierno del PAN. Y sí, si existen dudas, basta con leer dicho texto. Queda claro. Todos mienten.

Más aún, en la edición de Excélsior del 22 de enero de 1993, se difunden partes sustanciales de una plática entre Luis H. Álvarez y un grupo de reporteros —entre ellos el autor de Itinerario Político, a lo que el saliente jefe panista confesó —off the record—, que era “humanamente imposible saber quien había tenido la mayoría de los votos en la elección… es probable que Salinas, es probable, pero nada más eso”.

Luego el jefe panista reveló que no se sumaron a Cárdenas, “porque aquí entre nos, no teníamos la seguridad de que hubiera ganado… nos llegó información de cómo se ayudó a Cárdenas en Baja California, Michoacán y en Veracruz. Él recibió votos producto de la alquimia, de la burocracia. ¿Por qué creen ustedes que (Salinas) quitó a los gobernadores de Baja California, de Michoacán y de otros lados? ¿Por qué quitaron a La Quina? ¿Por qué Porfirio Muñoz Ledo se negó a que se abrieran los paquetes de senador? Todo fue un cochinero”, dijo el jefe del PAN.

Los periodistas le preguntaron: ¿Por qué no se dijo eso antes? Y explicó: “Si estamos luchando juntos, ¿por qué habríamos de exhibir a Cárdenas públicamente?”. De nuevo los periodistas. ¿Cuál debió ser el camino? “¡Que se invalidaran las elecciones!”, dijo tajante don Luis. Y nueva pregunta: ¿Entonces qué propuso el gobierno? “Adquirió el compromiso de llevar a cabo una transición democrática, cosa que no ha hecho… aunque yo creo que sí tenemos que reconocer que hubo un cambio de actitud inicial”. ¿Quién hizo el compromiso, Salinas, De la Madrid, Bartlett o Camacho?, se le insistió. “Camacho era el principal conducto”, dijo Álvarez.

A la distancia lo interesante es que queda claro que nadie probó si en la elección de 88 existió o no fraude —y el PAN fue el que propuso quemar las boletas—, y que en realidad lo que buscó Acción Nacional fue presionar para pactar con Salinas un acuerdo de cogobierno, una reforma electoral y las concertacesiones. En 88 el PAN hizo lo mismo que AMLO en 2006: desconocer la elección y buscar un pacto. Pero la diferencia es que los azules fueron inteligentes, por eso llegaron al poder en 2000. En 1996 AMLO siguió los pasos del PAN, pero esa historia, mañana.

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